Librería Books & Books, Coral Gables, Florida

Michael Horswell, Ph.D., jefe de Departamento de Lenguas y Lingüistica y profesor de Literatura Colonial en la Florida Atlantic University

05/02/2004

Nacida en Cochabamba, Bolivia, en 1959, Gabriela Ovando d'Avis pertenece a una generación de escritores que heredaron un agudo interés en temas sociopolíticos a raíz de las transformaciones sociales que empezaron en Bolivia después de la Revolución del 52, y cuya maduración intelectual se desarrolló a la par de los movimientos sociales y las dictaduras de los años 70 y 80. Gabriela se graduó en Comunicación y después obtuvo la maestría en Literatura Latinoamericana en la Universidad Florida Atlantic, de Boca Ratón, donde está terminando su doctorado en Estudios Comparativos. Su tesis de maestría, un estudio crítico de Lituma en los Andes, de Mario Vargas Llosa, se publicó después como El retorno del héroe, y anunció su interés en la historia, la mitología y la narrativa de los Andes, que ahora Gabriela ha enriquecido con su propia obra de ficción. Muchos de ustedes la conocerán por su trabajo como columnista de las páginas de opiniones de El Nuevo Herald y por sus colaboraciones con varios diarios bolivianos y revistas académicas. Sus observaciones sociales, políticas, y culturales fueron editadas en 1998 en una colección de crónicas, Atisbos, presentada por la renombrada escritora mexicana, Elena Poniatowska, quien comentó que Gabriela, la cronista, “tiene el don de la brevedad, de la síntesis. En pocas palabras puede entregarnos una nota política, una entrevista cultural, un comentario crítico, ya sea de cine o de literatura, con la sencillez y claridad que siempre lo dejan a uno picado.” Pues, ahora Gabriela nos ha dejado “picados” por su imaginación.

Su primera novela, Al rumor de las cigüeñas, nos transporta de una “Babilonia” a otra, de la Florida multicultural de principios del tercer milenio a la gran ciudad colonial de Potosí del siglo XVII, de una península transnacionalizada a una ciudad imperial española donde las avaricias e intrigas coloniales anticipan las agonías políticas, sociales y económicas de la Bolivia actual. Fundamentada en una lectura crítica e inteligente de la historia y en una interpretación astuta de la contemporaneidad, Gabriela logra crear estos desplazamientos de espacio y tiempo por medio del ejercicio de esa fantasía que inspira a todo lector y escritor. Esta es una novela escrita por y para lectores fascinados con ese proceso casi mágico que es la recepción de ideas a través de la lectura.... ese proceso en el cual protagonistas de la historia y del presente se apoderan de nuestras imaginaciones y no nos dejan tranquilos hasta que la historia que protagonizan termine... aunque, como en las palabras de la personaje principal de la novela, Mariana, “No hay historias que alcancen el final que quieras darle... en realidad, creo que nunca terminan.”

Al rumor de las cigüeñas ilustra cómo la historia, no importa lo remota que parezca, sigue afectando nuestras vidas y las sociedades en las cuales vivimos. Distanciándonos de la aparente sencillez de la crónica, Gabriela ha creado una novela compleja, una que intercala escenas contemporáneas de una mujer y su familia boliviana, que se encuentran en el sur de la Florida, con escenas de los siglos de la Reconquista española, de la exploración y Conquista de América, y de los primeros cien años de la colonia andina. Jorge Luis Borges comentó una vez que “La literatura no es otra cosa que un sueño dirigido”. Pues, Gabriela hábilmente dirige este sueño de novela a través de un control del lenguaje suntuoso y del uso de imágenes y metáforas que suavemente sorprenden al lector, invitándole a saborear las frases e indagar más en sus ironías y verdades. Temprano en la novela la protagonista Mariana se pregunta sobre el poder del sueño. Refiriéndose a ese mito colonial de que los indígenas americanos presagiaron a través del sueño la llegada de los extranjeros a sus costas, Mariana juega con la idea de si no podría “haberse dado lo mismo a la inversa.” A partir de allí, Mariana empieza a imaginar las vidas de los personajes históricos que la joven escritora iba descubriendo a través de su lectura de manuscritos coloniales, personajes cuyos propios sueños los llevaron a cruzar el mar y comenzar la empresa imperial que convirtieron los sueños de los indígenas americanos en pesadillas de genocidio y explotación.

La trayectoria del hilo colonial de la novela nos lleva desde las islas caribeñas, destrozadas por los españoles, hasta las cimas de los Andes y hasta llegar a ese cerro trágico de Potosí, el Sumaj Orcko, como lo llamaban los Incas. Sus descripciones de la “Villa Imperial”, como Carlos V nombró a una de las ciudades más ricas y más pobladas del imperio (los habitantes de Potosí llegaron a ser más de 160,000 personas a mediados del siglo XVII), captan de una manera admirable la diversidad de ésta, tal vez una de las primeras ciudades transnacionales de América. Gabriela enfoca su narrativa en los inevitables conflictos que azotaron la ciudad que cada vez más se dividía entre élites económicas, representadas por los Vascongados, y las masas de trabajadores, los llamados Vicuñas... constituidos no sólo por indígenas sino también africanos, extremeños, mestizos, andaluces, portugueses, castellanos... El sabor épico de estos capítulos de la novela, producido por medio de un lenguaje barroco pero fluido, contribuye a la sensación de que uno está leyendo un manuscrito del Siglo de Oro... y, de hecho, Gabriela no deja de jugar con el lector con sus chistes intertextuales que, por ejemplo, incluyen a personajes como la hermana de Miguel de Cervantes, quien llegó con los miles de otros emigrantes a vivir en la remota colonia de Charcas. Su atención a detalles de épocas perdidas en el tiempo sitúa a Gabriela en un grupo de escritores latinoamericanos que en los últimos años se ha dedicado a recrear ese pasado con un afán de entender mejor el presente.

Al rumor de las cigüeñas le recordará al lector novelas históricas como Del amor y otros demonios, de Gabriel García Márquez, Duerme, de Carmen Boullosa, El castillo de la memoria, de Olga Nolla, y El entenado, de Juan José Saer, sólo para nombrar algunas. Sin embargo, tal vez sea el otro hilo de la novela de Gabriela que llame la atención a los lectores interesados en la época más contemporánea. En los capítulos dedicados a Mariana y su familia, se encuentran las preocupaciones de una intelectual que brega con las incertidumbres, conflictos internos, injusticias sociales, y desastres económicos de nuestro tiempo, y de dos países conectados por vías aéreas en vez de vías marítimas: el nuevo Imperio de lo que Mariana llama “la doble moral”, es decir: Estados Unidos y Bolivia, su país natal, que cada día se encuentra en condiciones más difíciles. Mariana lucha con su conciencia social, y a veces con su propio marido, Rodrigo, quien representa ese nuevo explorador y potencialmente explotador de nuestra era, el investigador científico del cuerpo humano cuyos mares son las células y los genes de los seres humanos. Mientras disfruta de su posición económica acomodada en el sur de la Florida, Mariana no deja de preocuparse por su familia y sus amigos que se quedan en Bolivia, y lanza múltiples críticas a los sucesivos gobiernos corruptos que fracasan, bajo la mano hipócrita del imperio del norte, en traer a fruición una política de desarrollo justa y duradera. Los sueños de esta familia transnacionales se asemejan a los sueños de todo emigrante que quisiera quedarse en su país, un sentimiento que se expresa de manera conmovedora por el hijo de Mariana y Rodrigo en camino de vuelta a la Florida, después de sus vacaciones en la tierra de sus abuelos. Esta visión crítica de Gabriela, como lo ha señalado la crítica literaria Alejandra Echazú, la ubica en la generación de escritores bolivianos que “vuelve, recurrente, a desentrañar la situación política de Bolivia y a expresar honda preocupación por el futuro”, una tendencia que Gabriela comparte con sus contemporáneos como Lupe Cajías, Gonzalo Lema y Rocha Monroy.

Finalmente, es el sueño otra vez lo que une estos dos hilos que a primera vista parecen tan dispares… El sueño de una escritora-investigadora, Mariana, quien pone todo su esfuerzo en “leer, descifrar, fantasear” sobre los escritos de sus ancestros mientras también profundiza en su propia historia, en su propio ser, en búsqueda de una ética con la cual pueda navegar en los mares del presente Al rumor de las cigüeñas del pasado. O tal vez en la sombra de las alas de esos pájaros majestuosos cuyas únicas preocupaciones parecen ser el construir sus nidos en las torres o cerros más altos para cuidar a sus crías. Pero ni torres ni cerros son lo suficientemente altos para proteger a todos los personajes en esta novela, quienes pasan por transformaciones que mantienen al lector atento y fascinado a lo largo de la lectura. Las historias entrelazadas terminan de tal manera que el lector no puede dejar de reflexionar sobre lo cíclica y repetitiva que es la historia y cómo nosotros, a la manera de nuestros antepasados, continuamos en la perenne lucha por poner orden al caos que es la vida. Gabriela Ovando ha logrado hacer su parte para ordenar el mundo caótico a través de la invención de historias, dirigiendo el sueño de sus personajes, como diría Borges, y como resultado ha creado una obra de literatura que se destaca por su originalidad y profundidad. Se las recomiendo a todos quienes desean viajar y descubrir las verdades que se esconden en los nidos de la prosa de esta prometedora novelista. Es mi placer presentar a ustedes a Gabriela Ovando.